miércoles, 7 de abril de 2010
jueves, 18 de marzo de 2010
Tardecita
Carlos estaba sentado en el escalón de la puerta de su casa. El día estaba pesado. Y entre cervezas tibias y alguna siesta ya había logrado pasar la mayoría de aquel apenas soportable verano.
Estaba ahí sentado. ¿Y qué hacía ahí sentado? Estaba esperando. Se suponía que Javier iba a llegar alrededor de las cuatro, ya eran las cinco menos cuarto y todavía no daba signos de vida. Justo pasaba una brisa tibia. Cerró los ojos y extendió su cara hacia el sol. ¿Cuanto más iba a demorar?
-¿Qué hacés tarado?-
-Eh?...-Entreabrió los ojos, la luz lo estaba matando. Se hizo una visera con la mano y distinguió la figura de su amigo envuelta en un halo de luz - Mirate vos...así con el sol detrás sos igualito a la virgen maría.-
Después de un leve intercambio de golpes, llaves y la búsqueda de dinero ya se encontraban camino a la rambla.
Javier era un tipo flaco, bastante más alto que Carlos y desde que tenían memoria siempre habían pasado los veranos en Montevideo. No por elección. Más bien se sentían de los pocos del barrio que no aprovechaban las achicharrantes temperaturas para viajar al Este, hacia climas iguales pero más cercanos al mar.
Delante de ellos se extendía el río de la plata y una multitud de lo más diversa que fue deliberadamente ignorada al rumbear hacia las rocas. Donde sabían no habría más que un par de pescadores sin mucho ánimo de charla.
En cuanto se acomodaron Javier, nunca lento ni perezoso, empezó a armarse un porro.
-¿Y tu vieja che? ¿Cómo anda?-
-Bien. Yo que sé. Después del ataque ese no lo vino nada más. Dice que si sigue bien le van a dejar volver a casa-
-¿Y tu viejo?-
-Bien, yo que sé. Viste que se borró mal. Cada tanto hablamos por teléfono, se fué con la mina a España. Igual me sigue pasando plata todas las semanas.-
-Es jodido...- La palabra terminó ahogada por el humo del faso - Yo que sé, son cosas que pasan boludo. ¿Sabés a quien me encontré el otro día?-
-No...a quien?- La voz de Javier seguía sonando seca intentando aguantar el humo. Se lo pasó a Carlos
-A Lucía-
-¿Y cómo está?-
Carlos le dió una pitada larga y profunda. -Embarazada-
-Que cagada...-
Estaba ahí sentado. ¿Y qué hacía ahí sentado? Estaba esperando. Se suponía que Javier iba a llegar alrededor de las cuatro, ya eran las cinco menos cuarto y todavía no daba signos de vida. Justo pasaba una brisa tibia. Cerró los ojos y extendió su cara hacia el sol. ¿Cuanto más iba a demorar?
-¿Qué hacés tarado?-
-Eh?...-Entreabrió los ojos, la luz lo estaba matando. Se hizo una visera con la mano y distinguió la figura de su amigo envuelta en un halo de luz - Mirate vos...así con el sol detrás sos igualito a la virgen maría.-
Después de un leve intercambio de golpes, llaves y la búsqueda de dinero ya se encontraban camino a la rambla.
Javier era un tipo flaco, bastante más alto que Carlos y desde que tenían memoria siempre habían pasado los veranos en Montevideo. No por elección. Más bien se sentían de los pocos del barrio que no aprovechaban las achicharrantes temperaturas para viajar al Este, hacia climas iguales pero más cercanos al mar.
Delante de ellos se extendía el río de la plata y una multitud de lo más diversa que fue deliberadamente ignorada al rumbear hacia las rocas. Donde sabían no habría más que un par de pescadores sin mucho ánimo de charla.
En cuanto se acomodaron Javier, nunca lento ni perezoso, empezó a armarse un porro.
-¿Y tu vieja che? ¿Cómo anda?-
-Bien. Yo que sé. Después del ataque ese no lo vino nada más. Dice que si sigue bien le van a dejar volver a casa-
-¿Y tu viejo?-
-Bien, yo que sé. Viste que se borró mal. Cada tanto hablamos por teléfono, se fué con la mina a España. Igual me sigue pasando plata todas las semanas.-
-Es jodido...- La palabra terminó ahogada por el humo del faso - Yo que sé, son cosas que pasan boludo. ¿Sabés a quien me encontré el otro día?-
-No...a quien?- La voz de Javier seguía sonando seca intentando aguantar el humo. Se lo pasó a Carlos
-A Lucía-
-¿Y cómo está?-
Carlos le dió una pitada larga y profunda. -Embarazada-
-Que cagada...-
sábado, 27 de febrero de 2010
The Rowing Song
There's no earthly way of knowing
Wich direction we are going
There's no knowing where we're rowing
Or wich way the river's flowing
Is it raining?
Is it snowing?
Is a hurricane a-blowing?
Not a speck of light is showing
So the danger must be growing
Are the fires of hell a-glowing?
Is the grisly reaper mowing?
Yes, the danger must be growing.
'Cause the rowers keep on rowing
And they're certainly not showing
Any signs that they are slowing!
-Roald Dahl-
viernes, 26 de febrero de 2010
E.L.A.P.
Si ves por el ojete de mi cara
no vas a encontrar nada
Si mirás por el ojete lleno de papelitos
te llenan el ojete de patadas.
Si ves por el ojete de la basura
la gente te va a empezar a señalar y a llamar "pichi".
Y ahí si que te quiero ver.
Gil
no vas a encontrar nada
Si mirás por el ojete lleno de papelitos
te llenan el ojete de patadas.
Si ves por el ojete de la basura
la gente te va a empezar a señalar y a llamar "pichi".
Y ahí si que te quiero ver.
Gil
La última hora del día
Un amasijo de carne, dientes y pelo
El olor dulzón del ron que calienta las venas
En las paredes, los manchones de humedad,
el humo te ahoga de a poquito.
Las ventanas que brillan reflejando el brillo de las luces y los ojos,
se reflejan....
pulsos.
Que vienen de distancias diferentes, lugares más allá de la visión.
La nieve, negra ya empieza a caer.
Y vas sorteando charcos, cruzando veredas mentales, corriendo al tiempo del nunca llegar.
A traves de semáforos, rojos, verdes, bancos...de plazas, de cines, de charlas. Tugurios e inimaginables enemistades callejeras. Canciones de paz y cumbias villeras.
El olor dulzón del ron que calienta las venas
En las paredes, los manchones de humedad,
el humo te ahoga de a poquito.
Las ventanas que brillan reflejando el brillo de las luces y los ojos,
se reflejan....
pulsos.
Que vienen de distancias diferentes, lugares más allá de la visión.
La nieve, negra ya empieza a caer.
Y vas sorteando charcos, cruzando veredas mentales, corriendo al tiempo del nunca llegar.
A traves de semáforos, rojos, verdes, bancos...de plazas, de cines, de charlas. Tugurios e inimaginables enemistades callejeras. Canciones de paz y cumbias villeras.
jueves, 11 de febrero de 2010
Viaje
Viajo en un ómnibus hacia afuera y a nuestro alrededor alguien proyecta una película.
Es de noche, el viento sopla con el fresco de la madrugada y la tormenta.
En el filme, se ve la ciudad oscura.
A nuestro alrededor y a diferentes profundidades hay luces que revelan cada una una porción del paisaje: luces amarillas, blancas y rojas. Un poco difusas, un poco quemadas.
Saeteamos a través de la noche granulada mientras otros pasajeros se van uniendo en tandas, de a uno, de a dos, de a tres. Yo intento ver a los hombres que sacuden el armatoste. Pego mi nariz al vidrio pero no les veo. "Deben de estar más abajo" pienso, y mientras pienso me doy cuenta: "Cuan mejor se ve la realidad filmada en 35mm!"
Es de noche, el viento sopla con el fresco de la madrugada y la tormenta.
En el filme, se ve la ciudad oscura.
A nuestro alrededor y a diferentes profundidades hay luces que revelan cada una una porción del paisaje: luces amarillas, blancas y rojas. Un poco difusas, un poco quemadas.
Saeteamos a través de la noche granulada mientras otros pasajeros se van uniendo en tandas, de a uno, de a dos, de a tres. Yo intento ver a los hombres que sacuden el armatoste. Pego mi nariz al vidrio pero no les veo. "Deben de estar más abajo" pienso, y mientras pienso me doy cuenta: "Cuan mejor se ve la realidad filmada en 35mm!"
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