A veces pienso que prefiero un mundo lleno de malos de verdad. De esos de película a esta maldad más humana y real. Esa maldad pasiva que todos tenemos de una u otra manera. Como en las películas: está el bueno y el malo. Los extras que mueren a patadas no son relevantes. Creo que eso tiene el cine. Si bien cada uno lo pasa por sus filtros es una realidad. Una. Al fin hay consenso. Este es el malo. Este es el bueno. Todos los espectadores estamos de acuerdo. En la sala nunca es de día. Estamos a nuestras anchas jugando el papel de espectador y de deidad.Y de alguna manera intentamos repetir eso en la vida diaria. No ser tan mediocres. Tan extras.
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viernes, 18 de noviembre de 2011
Milímetro por milímetro
Siempre se ve el mundo entre buenos y malos. Pero tanta gente prefiere para sí misma el camino medio. Una especie de elevación más allá que permita ser juez y testigo de ese mundo binario que nos inventamos. Ese trono por un lado permite dar cátedra de falsa humildad, porque es un trono. "No soy bueno ni malo, pero solo yo tengo trono".
jueves, 11 de febrero de 2010
Viaje
Viajo en un ómnibus hacia afuera y a nuestro alrededor alguien proyecta una película.
Es de noche, el viento sopla con el fresco de la madrugada y la tormenta.
En el filme, se ve la ciudad oscura.
A nuestro alrededor y a diferentes profundidades hay luces que revelan cada una una porción del paisaje: luces amarillas, blancas y rojas. Un poco difusas, un poco quemadas.
Saeteamos a través de la noche granulada mientras otros pasajeros se van uniendo en tandas, de a uno, de a dos, de a tres. Yo intento ver a los hombres que sacuden el armatoste. Pego mi nariz al vidrio pero no les veo. "Deben de estar más abajo" pienso, y mientras pienso me doy cuenta: "Cuan mejor se ve la realidad filmada en 35mm!"
Es de noche, el viento sopla con el fresco de la madrugada y la tormenta.
En el filme, se ve la ciudad oscura.
A nuestro alrededor y a diferentes profundidades hay luces que revelan cada una una porción del paisaje: luces amarillas, blancas y rojas. Un poco difusas, un poco quemadas.
Saeteamos a través de la noche granulada mientras otros pasajeros se van uniendo en tandas, de a uno, de a dos, de a tres. Yo intento ver a los hombres que sacuden el armatoste. Pego mi nariz al vidrio pero no les veo. "Deben de estar más abajo" pienso, y mientras pienso me doy cuenta: "Cuan mejor se ve la realidad filmada en 35mm!"
viernes, 27 de noviembre de 2009
To Blend in
Blend: To combine or mix so that the constituent parts are indistinguishable from one another
Silencio. Camina despacio y sin titubear. Sí, lo sé. Poco a poco todo lo turbio se va oscureciendo más y más y más. Camina derecho. Derecho dije! Haz silencio, no hables. Ellos miran detrás de tus párpados buscando la primer grieta para, con un golpe de tacón, meterse y hurgar, hurgar, y hurgar. Son carroñeros. Pero no te dejes asustar. Solo buscan en otros lo que no encuentran en sí. Pretende que sabes lo que haces, lo que dices, dejales completamente desorientados por la marea de tu presencia, del ser, del plástico, del olor a gin seco. Nunca hagas nada que ponga en juego tu posición. Crear, hablar, demostrar, creer, pensar es ponerse de rodillas. Es darles los zancos y el sombrero para que suban a hacer sus números. Lo peor es que les gusta, por Dios, les encanta toda esta mierda! Algunos se fascinan tanto con esa sensación de altitud que se convierten en adictos, caminando por las calles, delgados, pálidos, covulsionantes, con sus miembros flácidos, inertes en busca de un nuevo falo que hacer propio. Temen como nadie nunca temió. Sudan como marranos con sus lentes negros, sus botas, corbatas y deliberada bohemia, su deliberada espontaneidad. Vienen en todas las formas y colores y te están mirando a vos. Pero no temas. Conocemos la manera de camuflarnos; o como dicen ellos: "to blend in".
Silencio. Camina despacio y sin titubear. Sí, lo sé. Poco a poco todo lo turbio se va oscureciendo más y más y más. Camina derecho. Derecho dije! Haz silencio, no hables. Ellos miran detrás de tus párpados buscando la primer grieta para, con un golpe de tacón, meterse y hurgar, hurgar, y hurgar. Son carroñeros. Pero no te dejes asustar. Solo buscan en otros lo que no encuentran en sí. Pretende que sabes lo que haces, lo que dices, dejales completamente desorientados por la marea de tu presencia, del ser, del plástico, del olor a gin seco. Nunca hagas nada que ponga en juego tu posición. Crear, hablar, demostrar, creer, pensar es ponerse de rodillas. Es darles los zancos y el sombrero para que suban a hacer sus números. Lo peor es que les gusta, por Dios, les encanta toda esta mierda! Algunos se fascinan tanto con esa sensación de altitud que se convierten en adictos, caminando por las calles, delgados, pálidos, covulsionantes, con sus miembros flácidos, inertes en busca de un nuevo falo que hacer propio. Temen como nadie nunca temió. Sudan como marranos con sus lentes negros, sus botas, corbatas y deliberada bohemia, su deliberada espontaneidad. Vienen en todas las formas y colores y te están mirando a vos. Pero no temas. Conocemos la manera de camuflarnos; o como dicen ellos: "to blend in".
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Smells like shitty spirits
Y así fue. Una masa oscura y viscosa, un aura de aburrimiento que se arremolinaba a su alrededor y que por las noches se transformaba en una grotesca araña de proporciones descomunales que le susurraba al oído mientras intentaba dormir. Una habitación que se llenaba con montañas de cigarrillos que escalaba hasta altas horas del amanecer donde en las noches de tormenta remontaba cometas, a la caza de algún rayo o algún submarino.
Parecía que el universo entero había dado un pequeño salto a la izquierda después de aquel invierno, un tropezón que había dejado al descubierto capas de realidad que se desplegaban como un abanico, de su cabeza, como de una tele mal sintonizada emergían sombras, fantasmas, gente que era sombras que era gente que no eran en realidad.
Sí la frase "¿Quien sos en realidad?" siempre fue difícil de responder más difícil se hacía de preguntar. Y sin embargo, como dije, el aire extrañado por el olor casi imperceptible del tedio dejaba al pasajero de este tren, su tren, El tren, Ella tren, con una mueca enrarecida de perfecta entonación. Pero no por un conocimiento o dominio de la situación. Es, simplemente, porque pega con el fondo. Todo parece pegar con la puta cortina musical.
Parecía que el universo entero había dado un pequeño salto a la izquierda después de aquel invierno, un tropezón que había dejado al descubierto capas de realidad que se desplegaban como un abanico, de su cabeza, como de una tele mal sintonizada emergían sombras, fantasmas, gente que era sombras que era gente que no eran en realidad.
Sí la frase "¿Quien sos en realidad?" siempre fue difícil de responder más difícil se hacía de preguntar. Y sin embargo, como dije, el aire extrañado por el olor casi imperceptible del tedio dejaba al pasajero de este tren, su tren, El tren, Ella tren, con una mueca enrarecida de perfecta entonación. Pero no por un conocimiento o dominio de la situación. Es, simplemente, porque pega con el fondo. Todo parece pegar con la puta cortina musical.
jueves, 9 de julio de 2009
24 por segundo
Te reís de todos los chistes?
Sos el cuarto de un ménage à trois
Todo parece cubierto de una fina capa de ese mismo material del que están hechos los sueños. Quedando distante como ecos de imágenes, voces, datos y acciones. Pero durante esa "mecanización" de la vida es imposible alejarse de la sensación de estar sentado justo detrás y bajo el cerebro, observando todo.
Mientras dure el pop y la coca-cola todo funciona de maravilla: El espectáculo es interpretado y reinterpretado una y otra vez. Cierta parte de uno se vuelve un ávido cinéfilo y aprende a ver el detalle de lo proyectado sobre la pantalla. Desde la envoltura y desenvoltura de sus personajes hasta los puntos que marcan el inicio de un nuevo rollo de cinta. Y aunque el guión apeste, los infinitos finales sean predecibles (además todos dan pie a una segunda parte que es aún peor que la primera), lo largo, lo lento de la cinta y aunque la sobreactuación sea un lugar común ese pequeño espectador no alza la voz, no se para y huye de la sala, ya sea para ir a su hogar o para cambiar de filme. Y jamás, pero jamás, habla con nadie de lo que ve. Pues en esa sala no hay nadie más que el.
Sos el cuarto de un ménage à trois
Todo parece cubierto de una fina capa de ese mismo material del que están hechos los sueños. Quedando distante como ecos de imágenes, voces, datos y acciones. Pero durante esa "mecanización" de la vida es imposible alejarse de la sensación de estar sentado justo detrás y bajo el cerebro, observando todo.
Mientras dure el pop y la coca-cola todo funciona de maravilla: El espectáculo es interpretado y reinterpretado una y otra vez. Cierta parte de uno se vuelve un ávido cinéfilo y aprende a ver el detalle de lo proyectado sobre la pantalla. Desde la envoltura y desenvoltura de sus personajes hasta los puntos que marcan el inicio de un nuevo rollo de cinta. Y aunque el guión apeste, los infinitos finales sean predecibles (además todos dan pie a una segunda parte que es aún peor que la primera), lo largo, lo lento de la cinta y aunque la sobreactuación sea un lugar común ese pequeño espectador no alza la voz, no se para y huye de la sala, ya sea para ir a su hogar o para cambiar de filme. Y jamás, pero jamás, habla con nadie de lo que ve. Pues en esa sala no hay nadie más que el.
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