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viernes, 26 de febrero de 2010

E.L.A.P.

Si ves por el ojete de mi cara
no vas a encontrar nada
Si mirás por el ojete lleno de papelitos
te llenan el ojete de patadas.

Si ves por el ojete de la basura
la gente te va a empezar a señalar y a llamar "pichi".
Y ahí si que te quiero ver.
Gil

miércoles, 28 de octubre de 2009

#88

"Esa tarde José hizo, lo que todas las mañanas, solía hacer". Y no fue hasta altas horas de la noche que se planteó aquella frase escrita sobre la servilleta del bar a medio usar.
¿"Esa tarde hizo lo que todas las mañanas solía hacer"? ¿Qué clase de frase era esa? ¿Quien carajo era José? Dibujó un signo de pregunta en el borde derecho inferior con mucho cuidado
de no romper el delicado papel y lo guardó en un cajón.
¿Quien carajo lo había traído hasta ahí? Los minutos pasaban y ya empezaba a arrepentirse de haberse apersonado en aquel apartamento, Sandra (y porqué no podría llamarse Sandra ¿No?) ya estaba demorando demasiado en el baño y el se estaba muriendo del aburrimiento.
Con mucho cuidado se deslizó por el sofá hasta quedar sentado en el piso de madera y empezó a armarse un tabaco.
Claro, había llegado veinte minutos antes, y como no le gustaba llegar excesivamente temprano a ningún lugar se detuvo a tomar algo en el bar de la cuadra anterior. ¿Donde estaba Sandrita?
La respuesta surgió del baño justo cuando estaba a mitad del tabaco: -¿Me esperastes mucho?- La "s", por supuesto le había parecido estaba de más. -No, no mucho Sandrita. ¿Vos ya estás pronta?-
-¿Sandirta?- Largo una risilla tibia que agitó su cuerpo mientras caminaba hacia su espalda, sentándose en el sofá, rodeándolo con los brazos y una pierna a cada lado -Si me querés llamar así no tengo problema ¿Sabés?-
Le susurró al oído. -Siempre y cuando pague- Replicó el a tono de explicación, -Por supuesto mi amor, siempre y cuando pagues- La frase se hundió en pequeños besos al costado del cuello y emergió -Pero vos te vas a portar bien ¿Verdad mi amor?-
"Touché", sin lugar a dudas era una experta en su campo. El asintió con la cabeza, apagó el tabaco, y se hundió en ella.
Y horas después se acordó, de la servilleta que había olvidado en su cajón. Pero le pareció más divertido dejarla ahí, sin explicación, intentando imaginarse la cara de la primera persona que se la cruzara y si se animaba, quien le leyera.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Colgajos de una narración

La lluvia moja al inútil de su cabeza a nuestros pies
Y sus ojos aullan una nitidez presente
De su cabeza cuelga una fruta ya podrida
Que se descuelga hasta sus rodillas
Y se pone a comer

Nosotros jugamos con los restos y la lluvia
Se despidió con una sonrisa azul
Dijo "Saber no es lo mismo que conocer"
Parece que el tiempo le dio la razón

Mordemos el suelo con rabia y nos ponemos a olisquear
Notamos que había perdido una rosa y un botón
Cuando un vagabundo con zapatos franceses nos para con un silencio
"¿Ya se habían dado cuenta que esta es la verdad verdad?"
Sonrisa mediante nos sumergimos en perdernos y le dijimos adiós
Parece que nunca nos enteramos del final
Y al final no nos quisimos volver a ver nunca más

viernes, 11 de septiembre de 2009

Ufah che

Piel y pisco, lengua de asfalto que rueda ya,
camino y callo, paso de esquinas derecho al mar
Sin saberlo descubro un canto viejo sobre la piel
Rueda que rueda, marcha discreta sobre el papel
Hojas inquietas, narices frías pegadas a la pared
Ya nadie se pregunta a donde van
Sus astillas ya no encienden la ciudad
Un cristal que se raja a la mitad
Mejor callarse y no volver a preguntar
o irse a acostar.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Cursi canción de amor

Tan poco tiempo y tantos juegos que jugar
mirá el día escaparse en un suspiro hacia la noche
miles de luces, miles de sueños y deseos
atrapados bajo una bóveda de cristal

Neón eléctrico ilumina a los amantes
noches enteras en la ciudad hechas jirones
y la basura en las calles

Por suerte llegué más tarde y al parecer
aquellos sueños se retuercen contra esta realidad
ni un sonido recorre el supuesto hogar
Y la casa no parece tan vacía cuando no estás

lunes, 6 de julio de 2009

Historias inconclusas

Dos tazas, dos platos, un sofá, una televisión que cumplía (y con eso alcanzaba, ya que la mitad de las cosas que se permitían tener o bien cumplían una función específica que respondía a sus intereses o cumplían con “lo que una casa debe de tener”), una radio con “pasacassette”, un par de reliquias (un toca discos y algún afiche viejo), una pequeña biblioteca; dos sillas (y dos más para invitados), dos botellas de shampoo, dos cepillos de dientes. El mundo binario era interrumpido por varias excepciones, algunas ya mencionadas pero una aún más importante. Una-sola-cama.

Mauricio estaba de cara al sol. Siempre le había parecido que el sol en Montevideo “quemaba” distinto que en otros lugares. Bah, esa era la diferencia. Según Mauricio ahí el sol no quemaba, más bien lamía las cosas.

-Mauri, ¿Sabés donde está mi disco de la Velvet?-

Desde esa posición en el piso podía ver el pelo enrulado de Analía surgir del piso del altillo y frenar hasta que quedaran sus ojos a la altura del suelo. Mauricio giró quedando boca abajo. Apoyó su mentón sobre la madera del altillo.

-Ni idea…-

Unos segundos de silencio. Hacía tiempo que no se fijaba en los ojos claros de Analía.

-Si no está en la caja con el resto de los vinilos ni idea- Dándose por desentendido volvió a su posición original. De cara al sol.

-Mauri… ¿Vos qué vas a hacer ahora?- Había algo similar a la culpa en su voz. Mauricio entendió que Ana seguía ahí; sentada en la escalera del altillo -… ¿Vas a volver a Buenos Aires? –

Dejó la pregunta flotar unos segundos en el aire. Llenando poco a poco la habitación mientras el sol montevideano le lamía la cara. Recordó que hacía un par de semanas que no se afeitaba.

-No sé, puede ser. Todavía no pensé mucho en eso. Antonio me ofreció quedarme allá, a la casa de mis viejos no vuelvo ni en joda. El otro día hablé con ellos, preguntaron por vos-

Silencio

-No les dije nada – La frase cayó como una sentencia, seca, cortando la habitación en dos. – Ahora dejame tranquilo que tengo cosas que pensar –

Pensar. Sí, pensar. En los cajones vacíos, en el altillo, en pelo de Analía, en la cama, en los discos, en el café, en los libros. Tenía que pensar en todo menos que iba a hacer en los siguientes días. Algo que había aprendido a hacer cuando vivía con Antonio en Buenos Aires, “Algo ya va a aparecer” decía el flaco cuando alguno perdía el laburo y había que pagar el alquiler. Y en ese puto sol de mierda que no dejaba de lamer.