jueves, 24 de diciembre de 2009

Lou Reed y la Navidad

No hay caso, estas fechas no me generan ninguna clase de felicidad "extra". Mientras miro el quilombo general y usual de la noche del 24 una cosa me llaman la atención, a saber: "¿Cómo puede ser que un "lujo" inventado hace no se cuantos miles de años por los chinos todavía nos siga copando tanto?. Definitivamente, a los seres humanos, nos debe de gustar ver mierda explotar, está en nuestra naturaleza"

Por suerte después pasaron el concierto "Berlin" de Lou Reed y toda la navidad se me fue a la mierda.

Gracias Santa Cinemax

domingo, 20 de diciembre de 2009

Falling backwards


Si Ud. nunca tuvo la sensación de caer hacia atrás es algo más o menos así, y voy a ejemplificar: Conozco una mujer, que usa la religión organizada como excusa para hacer cabotaje con su vida. Va lenta y segura siempre cerca de la costa.
Paso, a paso, cabo, a cabo va avanzando. Excepto que después del tercer o cuarto puerto, luego de viajar a lo largo de varias semanas , se encuentra que nunca avanzó. Que está exactamente donde empezó.
She's falling backwards

#90210

Habíamos llegado a la fiesta a medio empezar. La casa era lo suficientemente agradable como para asquear a cualquiera con un mínimo sentido de la decencia.
Por suerte la atravesamos rápidamente para desembocar en el jardín. El pequeño circo de los terrores que algunos individuos gustan de llamar "la barbacoa".
El fondo de la casa era lo bastante extenso como para contener a la gente, sus billeteras y los excesos de ego que se les escapaban por el culo en forma de interminables listas de actividades, opiniones políticas y objetos de alto vuelo que podían o ya tenían en su poder.
Tengo que admitir que ya venía bastante "entonado" al llegar, y luego de saludar al cumpleañero encaré hacia la mesa de tragos, hice alguna mala movida que me alejó de la seguridad de mi grupo. Gran error. Ahora me encontraba con medio vaso vacío en una mano, media botella de gin en la otra, media conciencia y medio cigarrillo que pendía de mi labio inferior; solo, enfrentando al dragón.
El hombre que sostenía la espátula me resultaba demasiado familiar. A un lado de la parrilla hablaba con un grupo de muchachos engominados, camisas, shorts y alpargatas de shopping center. Repartía hamburguesas a quien se acercara mientras se escurría entre toda aquella basura de derecha. No se confundan, yo soy, básicamente, un hombre de prejuicios y sé cuales son míos. Sin embargo, hay ciertos prejuicios con los que me siento lo suficientemente cercano como para abrazarles sin chistar.
El asador de otro planeta hablaba y hablaba, largaba mierda a más no poder. Parecía tener vagones, cargamentos enteros de esa porquería que vomitaba constantemente con un tono encantador. Intentaba que no se notase pero era irremediable. Como candidato de la derecha más conservadora había tenido su momento hace unos quince años, hoy intentaba volver por un poco más de torta, se babeaba mientras pegaba alaridos de desesperación por un poco más; un poco más de dinero, un poco más de reconocimiento, un poco más de poder.
Y repartía hamburguesas convencido de que estaba sumando puntos. El muy estúpido ni siquiera estaba molesto por verse rebajado a hamburguesero por unos votos más.
Sabía que la familia era de derecha, quizás el les debiera algún favor, o quizás fuese al revés, no importaba realmente. El estaba allí, repartiendo carne con la convicción y la alegría de que así como a Cristo le había tocado cargar con su cruz el debía de cargar con la suya, y eso estaba bien. Apuesto lo que sea a que si este tipo viviera en el ’45 apoyaría a los aliados con tal de quedar bien con la mayoría de gente posible.

En todo caso, ahí estaba yo frente al dragón, y este no paraba de vomitar sus porquerías pseudo intelectuales sobre todos esos supuestos importantes temas. Rodeado de aquella gente etérea, repartiendo comida y rascándole el lomo a esa juventud derechista, derechista por fe, estupidez o simple tradición.
Ahí estaba el, y ahí estaba yo, arruinado e intentando nuevamente servir el gin dentro del vaso.

Alguno de estos chetos apaisanados se sacó una guitarra del culo y empezó, acompañado por una acicalada muchachita para luego ser acompañados por la multitud en una serie de loas folclóricas a sus héroes, algunos nacionales, otros partidarios, a épicas batallas y a patrias de fantasía, canciones de funeral. A esta altura ya era definitivo, aquello debía de ser el infierno.
Tomé mi botella de gin y me deslicé por un costado. Fuera de la casa, fuera del jardín, de vuelta al mullido purgatorio.
Última vez que vengo por este barrio en época de elecciones.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

#44

¿Acaso tiene sentido
esperar el toque justo de ruleta
cuando abajo
muy debajo de la mesa
se encuentran
a razón de mil a una
todas las fichas ganadoras?

Todas las fichas ganadoras que aún esperan
sea político o poeta
cantor o marioneta
errante vagabundo
o campeón de las carreras

Abandónese a la suerte entonces, señor...mejor...postor
Que si la misma le acepta, bien
Y si no, mejor.

viernes, 27 de noviembre de 2009

To Blend in

Blend: To combine or mix so that the constituent parts are indistinguishable from one another


Silencio. Camina despacio y sin titubear. Sí, lo sé. Poco a poco todo lo turbio se va oscureciendo más y más y más. Camina derecho. Derecho dije! Haz silencio, no hables. Ellos miran detrás de tus párpados buscando la primer grieta para, con un golpe de tacón, meterse y hurgar, hurgar, y hurgar. Son carroñeros. Pero no te dejes asustar. Solo buscan en otros lo que no encuentran en sí. Pretende que sabes lo que haces, lo que dices, dejales completamente desorientados por la marea de tu presencia, del ser, del plástico, del olor a gin seco. Nunca hagas nada que ponga en juego tu posición. Crear, hablar, demostrar, creer, pensar es ponerse de rodillas. Es darles los zancos y el sombrero para que suban a hacer sus números. Lo peor es que les gusta, por Dios, les encanta toda esta mierda! Algunos se fascinan tanto con esa sensación de altitud que se convierten en adictos, caminando por las calles, delgados, pálidos, covulsionantes, con sus miembros flácidos, inertes en busca de un nuevo falo que hacer propio. Temen como nadie nunca temió. Sudan como marranos con sus lentes negros, sus botas, corbatas y deliberada bohemia, su deliberada espontaneidad. Vienen en todas las formas y colores y te están mirando a vos. Pero no temas. Conocemos la manera de camuflarnos; o como dicen ellos: "to blend in".

sábado, 14 de noviembre de 2009

Del verano

Venía caminando calle abajo con una esperanza a medio armar, las costuras de la campera descocidas y unas ganas tremendas de prenderse del primer par de caderas que se asomaran por esa larga tarde de verano.
Caminaba descolorido, como contando los pasos. Había pernoctado en casa de unos amigos y recién en ese momento decidió desandar el camino andado hasta su casa en pleno Barrio Sur.
La noche la recibió con tinto aguado y tabaco en abundancia. La joda se había armado a dos cuadras de allí, en casa de unos vecinos. Curioso, como un asado en la vereda se convierte por arte de magia en reunión vecinal y finalmente en fiesta del barrio.
Solo, Santiago tomaba recostado contra una pared. Alguien había arrimado un par de parlantes y la cumbia empezaba a hacerse sentir en las muelas. El baile se armó en la calle. Fin de año se sentía en el aire.
A medio camino entre la sórdida borrachera y la demencia tropical divisó una abundante cabellera roja pegada a un nada despreciable par piernas que enmarcaban un nada despreciable culo que, moviéndose al compás del bailongo, era aún menos despreciable.
Rápidamente trastabilló camino a la pelirroja quien ya viéndole venir se preparó para la mecánica de ataque.
Santiago se agitó, zarandeó y movió tanto como pudo, ella se rió, el disparó un par de frases que le permitieran entablar una conversación y para antes de las 2 a.m. ya se habían apartado un poco del jolgorio e intercambiado teléfonos.
Para el momento en que emprendieron la vuelta (ella a su casa, el gentilmente acompañandole), dos cosas embotaban la cabeza de Santiago: El alcohol, y las curvas que, siguiendo bien de atrás, se vislumbraban entre los pliegues del ligero vestido azul que tan bien se ceñía a su cuerpo.
-¿Querés pasar?-
La pregunta le sacó de su ensimismamiento.
-¿Qué?-
-Que si querés pasar-
Las neuronas de su cabeza reventaban como pop-corn y millones de ideas y fantasías se formulaban en su mente.
-Sí, sí, por supuesto-

Las escaleras del antiguo edificio subían y se solapaban unas contra otras en absoluto silencio. El piso de baldosa y la falta de luz aumentaban la sensación de frío. Subían tomados de la mano, ella, cual náyades le guiaba hacia su cuarto, hacia sus aguas, a sus ríos.
Repentinamente, en el tercer descanso se detuvo en seco, ¿Cuanto iban a seguir subiendo?, tiró de su mano trayéndola hacia sí, le rodeó con su otro brazo, la presionó contra su cuerpo y le estampó un beso en plena noche de Noviembre.
En un estertor los brazos de ella se interpusieron entre los dos desembarazándose de el.
-No, no, ¿Qué hacés? Así no- Se quejó e inmediatamente se propulsó escaleras arriba.
Santiago dudó si debería de seguirla. Escuchó, un descanso, llaves, el portazo y el sonido final de la cerradura instaurando un mundo entre los dos.
El, aún parado en el descanso juntó aire, -¡Hija de puta!- gritó hasta quedarse seco, y emprendió el camino de vuelta a casa.

jueves, 12 de noviembre de 2009

The King is in dha house

Está recostado sobre un sillón raído. Saco marrón a un costado, en el suelo. Zapatos y pantalón a tono. En mangas de camisa fuma metódicamente, las cenizas se acumulan en su pecho.
Se parte la boca con Charlie Parker, que viene sonando bajito, casi imperceptiblemente desde un costado la habitación.
Nunca le gustó las etiquetas pseudo intelectuales que se le adjudican al jazz. El, que había crecido la mayor parte de su vida escuchándole por influencia de sus mayores no le veía esa magnificencia tan pedorra, tan sopa instantánea, tan que no tenía nada que ver.
El jazz, a su entender (o al menos el que el consideraba bueno), se trataba, al igual que muchas otras músicas, de la explicación sin explicación alguna. Simplemente el ser en un momento particular (pudiendo ser este momento muchos momentos) y el estar de algún humor especifico (sea cuales fueren).
Realmente, le daba pena la intelectualización y academización de un género inventado por hombres y mujeres que en su mayoría no sabían ni leer ni escribir, ni música ni idioma.
Pero sin embargo, y más allá de todo ese asunto, había algo que le mantenía con media sonrisa clavada en el rostro y los ojos bien cerrados.
El disco saltó a King Oliver y su inmortal, inmejorable versión de "St James Infarmary".
He's got the blues baby, esa tristeza inmensa, tan inmensa que debe ser la felicidad.